30 de octubre de 2009

Esclavitud y aborto

Hoy quisiera compartir con vosotros un artículo del profesor del IESE Eduardo Martínez Abascal, por su planteamiento original, los símiles poco vistos, y su claridad expositiva. Ofrece un argumento fácil de utilizar en los muchos debates que hoy hay en la calle (si no los hubiera en nuestro entorno, considero una obligación suscitarlos, por incómodo que sea).

"En pleno siglo XIX y en países tan desarrollados como Estados Unidos, la esclavitud se justificaba desde varios puntos de vista y con argumentos bastante moderados. La esclavitud –se decía– era esencial para el funcionamiento de la economía.

Había que elegir entre dos bienes contrapuestos: el sostenimiento económico de la mayoría de familias agricultoras del país y el bien de los esclavos. Por otra parte, la esclavitud había existido siempre y no había creado problemas hasta que los abolicionistas aparecieron. Además, los esclavos recibían en muchísimos casos una educación y unos estándares de vida que no tenían en su país de origen, etc. En definitiva, no era una situación ideal, pero era un mal menor. Para los más radicales, la esclavitud se justificaba porque los esclavos “no eran personas”, o “eran personas, pero menos”.

Por el contrario, los oponentes a la esclavitud parecían “fundamentalistas”: no había alternativa posible, “había que abolir la esclavitud”. Se basaban en un solo hecho: la esclavitud era radicalmente incompatible con la dignidad de la persona humana, y como este es un valor esencial, era innegociable, fueran cuales fueran los costes de la abolición. Al final, la realidad de la dignidad de la persona humana se impuso y la esclavitud fue abolida a finales del siglo XIX.

Pienso que los mismos argumentos se pueden aplicar hoy a la realidad del aborto. Se presenta como un mal necesario ante la elección del bien del niño y el bien de la madre. Todos los argumentos son de conveniencia, ante casos extremos (sufrimiento o muerte de la madre, malformación del niño, etc.). Los defensores del aborto parecen ‘moderados’ y los oponentes ‘talibanes’. ¿Por qué? Porque para unos, el tema del aborto es un asunto de conveniencia, y para otros es un componente esencial de la dignidad de la persona humana, como es el derecho a la vida.

Al igual que a lo largo de los siglos se fue avanzando en el concepto de la dignidad de la persona humana, incompatible con la esclavitud, hoy se ha avanzado mucho en el conocimiento del ser humano desde su concepción. La ciencia es clara al respecto: en el útero hay un ser vivo, y ese ser vivo sólo puede ser un ser humano, cuya custodia (no propiedad) es de la madre.

Pues bien, si hay un ser humano, no se le puede matar. Esto, que es tan claro hoy en día (no lo era hace siglos, ni incluso hace años), lleva a los ‘pro vida’ a ser ‘fundamentalistas’ (“no hay negociación posible”) como lo fueron los abolicionistas. Al final, no hay otra solución que la ‘abolición’ del aborto, compatible con resolver los problemas que llevan a la madre a abortar. "

(Publicado en Expansión, 21-10.09)

28 de octubre de 2009

Dolor y consuelo



“¡Lo único que sé de mí es que sufro…!”, dice el alma desconsolada. Duns Scoto evocaba la desolación humana en aquel “la persona es la última soledad” que quiere ser escuchada, que solicita respuesta. Como decía Juan Bautista Torelló (Psicología y vida espiritual), necesita consoladores, no simple consuelo. Es decir, no solo requiere “solatio” (solaz, alivio, pensar cosas bonitas) sino “consolatio” (alivio-comunión, alguien que le abrace), como dice el Salmo 63: “el dolor me rompe el corazón, estoy desesperado. Busco un consolador y no lo hallo”, por eso quien sufre sumido en la tristeza no busca sermones ni palabras, sino que necesita la compañía y abnegación del amigo, la dimensión femenina de llorar juntos: “bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados” (Mt 5,5), y el que no tiene quien esté a su lado dirá aquello de “he llorado mucho por la noche, porque mi consolador está lejos de mí” (Jer 1,16).

No todos los amigos saben consolar bien, como los de Job: “sois todos unos consoladores pelmazos” (Job 16,2). Recuerdo un sacerdote muy bueno agonizando, contento de estar acompañado, y yo veía a unos parientes que le hablaban deseosos de preguntarle: “¿estás bien?, ¿cómo te encuentras?, ¿deseas algo?” y al final el moribundo dijo: “sí, ¡que os calléis!” Quería compañía, pero que no le agobiaran, morir tranquilo… él tenía el consuelo de Dios: “Yo, yo mismo os consolaré. Transformaré vuestra tristeza en alegría… El Señor dice: Os llevaré en brazos y jugaréis sobre mis rodillas. Como una madre consuela a sus hijos, así os consolaré yo” (Is 65,11-13). Es difícil esta simpatía, que no consiste en dar al otro lo que le gusta sino lo que le conviene, no es sensiblería sino contacto y distancia a la vez, com-padecer tiene esa comunión evangélica de “si un miembro sufre, todos sufren; si un miembro se alegra, todos se alegran con él” (1 Cor 12,26) y ahondando en ello sigue san Pablo: “Cristo es quien nos consuela en toda tribulación… sabedores de que, así como participáisteis en nuestros padecimientos, así también participaréis en los consuelos” (2 Cor 1,3-7). Comenta Torelló: “Cristo conforta pues, no sólo porque por ser verdadero Dios conoce al yo individual que sufre en su soledad, ni porque Él haya dado respuesta a la pregunta sobre el sentido del dolor, sino porque Él mismo es la respuesta a todos los interrogantes del hombre. Cristo no ha resuelto el misterio, sino que lo ha hecho precisamente más profundo y mayor: Mysterium Crucis.” La gran paradoja que decía Juan Pablo II, más allá de toda razón según san Pablo, que resplandece en la noche pascual, pues Cristo venció a la muerte, pero sigue de algún modo sufriendo en cada sufriente, Jesús está queriendo consolar a cada persona que sufre, sufrir con ella. Y esto no se queda en palabras, como descubrió aquella persona: "Hoy comprendo lo que es amar la cruz: acabo de ver a Cristo clavado en mi cruz, ahora cuando sufro, sufro abrazada a Él!"

Y nosotros hemos de llevar el consuelo que necesita quien pasa por momentos de dolor. No hay técnicas generales, pues nada peor que “despachar” a esas personas con estereotipos, frases hechas, como si fueran niños o idiotas… “se necesita decisión y presencia de ánimo, no para ‘exigir’ sino para despertar posibilidades adormecidas, fuerzas amodorradas, libertades y esperanzas inhibidas…”
La manera mejor de salir de la espiral del dolor, cuando no se puede curar, es trascenderlo: cuando se sufre por una persona, cuando se pasa de aguantar a aceptar, cuando se pasa al ofrecimiento, a la vida como donación y sacrificio, y entonces ya no es algo impuesto el dolor sino libre, como Jesús que da la vida (la penitencia por ejemplo es expiación querida, a diferencia del castigo que es expiación impuesta).

La esencia del sacrificio no es el dolor, sino el amor, no somos masoquistas… así “Cristo nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos consolar a otros en cualquier aflicción con el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios” (2 Cor 1,4).

Llucià Pou Sabaté

26 de octubre de 2009

Todos somos culpables


Animaba a un amigo bloguero a que difundiera un poco la encuesta que nos está ocupando en estos días y que durante esta semana estará todavía en la columna derecha superior de Familia en construcción. Me respondió diciendo que lo haría, pero manifestaba reparos en los argumentos por mí esgrimidos. Le decía, en efecto, que todos los españoles somos responsables del genocidio del aborto, perpetrado ante nuestras narices y en cierto sentido también con la connivencia de todos. Este argumento no le convence. Es perfectamente comprensible.


Cuando se habla de derechos fundamentales y se afirma que el de la vida es el primero de ellos, no se suele precisar algo muy importante. La diferencia entre los derechos fundamentales y los que no lo son estriba precisamente en que aquéllos nos implican a todos. El derecho fundamental a la vida significa que todos estamos obligados a respetarlo. Ese respeto no significa únicamente que nos abstengamos de atentar positivamente contra la salud y la existencia de ninguna persona humana. Si así fuera, tendría razón mi amigo al decir que es una exageración culpar a todos por los daños que hacen los verdaderos culpables: quienes promueven directamente el aborto, primero, como son los dirigentes de los abortorios y los políticos que los avalan y los financian; quienes indirectamente promueven una cultura de trivialización de la sexualidad y de exaltación de la muerte.

Cuando un derecho fundamental es despreciado públicamente y de manera ostensible, todos estamos siendo insultados. Es como si nuestra propia vida estuviera en peligro. También aquí se podría objetar que se trataría de una nueva exageración: "El hecho de que existan delincuentes o terroristas, que pública y ostensiblemente atentan contra la existencia humana, no supone de ninguna manera que yo -ciudadano inocente- sea responsable de sus fechorías". Eso es verdad, pero cuando esos crímenes se realizan gracias a la cobertura de impunidad otorgada por los legítimos gobiernos, entonces las cosas cambian. Todos los días -y veinticinco años de aborto legalizado suponen muchos, muchísimos días- en que he convivido dando por irremisible o inevitable la masacre de vidas humanas inocentes, son días acerca de los cuales quizá el Justo Juez, Dios nuestro Señor, me interpelará: "Y tú, ¿qué hiciste? ¿Acaso no sabes que el aborto es uno de esos crímenes que claman al cielo? ¿Me acusáis a mí de no intervenir en el mundo, evitando el mal, mientras vosotros toleráis esa masacre, que se realiza quizá a pocos metros de vuestras casas? (1)"

Desde hace unas semanas me ronda por la cabeza la necesidad de ser profeta (a pesar de mis miserias, pero con la certeza de que todo cristiano lo es por naturaleza). Y la principal misión de los profetas era denunciar los atropellos de las autoridades. Éste es el problema. Ahora todos estamos llamados a ser profetas de la vida: no podemos dejar pasar ningún día sin hacer algo concreto en favor de ella.

Que cada uno piense como quiera. En mi caso, se trata de una cuestión de conciencia y de coherencia: si digo que la vida es un derecho fundamental de toda persona y de que estoy dispuesto a tratar también a los no nacidos como personas, eso significa que yo tengo el deber de respetar y de promover ese derecho, en especial, cuando es públicamente pisoteado por quienes tendrían que velar por él.

Si todos reaccionáramos así, otro gallo cantaría.

Artículos relacionados:



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(1) Éste es mi caso, pues en Valladolid vivo a pocos centenares de metros del principal abortorio de la ciudad.

25 de octubre de 2009

Terminator 2


El otro día echaron por la tele todo un clásico del cine de ciencia ficción: Terminator 2. Al acabar la película, una voz en off apunta la moraleja de la protagonista: "Me llené de esperanza, porque si un robot es capaz de comprender el valor de la vida humana, todavía puedo esperar que también lo comprendan los hombres". Quizá no es literal, pero esa es la idea muy aproximada.


Uno de mi familia me comentó: "Mira, ya lo puedes colgar en tu blog".

El comentario no me gustó mucho, porque se puede decir que "nadie es bloguero en su casa", como tampoco nadie es profeta en su tierra. El comentario tenía cierto tonillo irónico. Aunque probablemente haya sido mal interpretado por mí.

Pero esta mañana, pensando en la defensa de la vida, me ha vuelto a la cabeza la dichosa frasecita de Terminator 2. La Manifestación del 17 O me ha llenado de esperanza, a pesar de no haber estado allí. Y la esperanza es la virtud del caminante. Gracias a ella se pone en camino. Y me he propuesto hacerlo. Todos los días pensaré qué puedo hacer de concreto para defender la vida de los no nacidos. Intentaré remover los corazones de los demás: exceptuados los de la propia tierra, porque nadie es profeta en ella. Intentaré no ser pesado ni cargante, pero no cejaré. Quizá se ponga también de manifiesto en este blog, aunque bien mirado la etiqueta "aborto" sea una de las más frecuentes en sus entradas. Espero que se note.

23 de octubre de 2009

¿Serán capaces de hacerlo?


Desde hace varios días me ronda por la cabeza esta pregunta:


¿Serán los dirigentes del Partido Popular español capaces de hacer un mea culpa y reconocer que durante estas últimas décadas han equivocado su política acerca del aborto procurado?

¿Por qué deberían hacerlo?

Porque la ley del aborto se introdujo mientras ellos estaban en el poder, por lo que no pueden eludir la responsabilidad.

Porque aunque la ley pudiera haber sido promulgada con "buenas intenciones", como son las que consisten en querer despenalizar el delito en algunos supuestos, lo cierto es que su aplicación ha pecado de hipócrita: si se ha reconocido que el aborto es un delito, ¿por qué no se ha aplicado la ley? ¿Por qué se ha permitido que ésta sea transgredida impunemente? Más coherente es la postura del partido socialista y de los partidarios de la reforma: si no se persigue el delito eso significa que la sensibilidad social española es favorable a reconocer el derecho de la mujer a decidir sobre su embarazo.

Porque la manifestación del 17 O ha sido un clamor popular en favor de la vida. Adviértase bien, en favor de la vida y no únicamente para rechazar la reforma, como arteramente quiso interpretar Cospedal hace unos días. Esa multitud, que representaba a otra que seguía el acontecimiento desde sus casas, quiere cambiar las cosas, apostar por una legislación que defienda honestamente la vida del que está por nacer.

Y, en último aunque principal lugar, porque mientras no se retracten de sus errores ni serán capaces de abordar ningún tipo de política constructiva ni serán creíbles en el caso de que lo intenten. La crítica del PSOE en estos meses ha sido rotunda: "si tan convencidos estáis de que abortar es eliminar un ser humano, ¿por qué habéis mantenido esta legislación que en la práctica ha sido socialmente validada por la mayoría?". Y tienen toda la razón, la defensa de la vida no es compatible ni con esta legislación ni con la reforma de la Aído.

He sugerido que Familia en construcción cuelgue esta encuesta y la deje abierta durante una semana:

¿Deberían los dirigentes del PP hacer público un mea culpa, reconociendo sus errores en la política familiar y en la defensa de la vida? Y las respuestas son tres: Sí, No, Tal vez.

Os agradecería que hicierais circular esta encuesta, invitando a votar.

Me parece importante que los votantes del PP se den cuenta de que no pueden seguir apoyando a un partido sin hacer algo para cambiar las cosas: la política del mal menor es una escusa que no debería convencer a nadie que defienda la vida. No digo que haya que abandonar al PP, pero sí intentar poner a sus dirigentes contra las cuerdas. Es sólo una opinión. Algo habrá que hacer.

22 de octubre de 2009

Sabiduría empresarial


Un amigo me ha enviado esta colección de máximas, que él mismo introduce explicando que se tratan de un autor que ha preferido quedar en el anonimato. Algunas de ellas tiene que ver directamente con la familia y las relaciones familiares y son realmente atinadas.

Frases y consejos del tutor de un reconocido empresario que ha demostrado su valía, buen hacer y trayectoria empresarial en todo el mundo, pero por desgracia quiere mantener su anonimato.

Todos nosotros hemos consumido alguna vez (o varias veces) sus impresionantes productos, y en varias ocasiones ha sido motivo de ejemplo y estudio empresarial.

Le he pedido permiso para poderlas utilizar y enviar a la gente que valoro pueden sacar provecho de estas. Espero que os gusten:

  • Usted nunca obtendrá ningún resultado de los ejercicios o trabajos placenteros que no le supongan esfuerzo"
  • " Cristo llegó a sudar sangre, pero cumplió su objetivo. Salvar la humanidad!. Usted, si hace falta, sude también sangre para conseguir su objetivo. Si no llegara a conseguir su objetivo, no se preocupe. Ha purificado sus glándulas sudoríparas"
  • " Cuide siempre de su familia, no les desatienda, pero hágales comprender que trabaja con esfuerzo para ellos y el tiempo que dedica en su trabajo debe de ser comprendido y apoyado por ellos. Evite contratar secretarias jóvenes y lindas. Tienen mas experiencia aquellas de cierta edad y no agraciadas en belleza"
  • " Si algún amigo le dijera que no comprende porqué ya no tiene tiempo para quedar con el y mantener los planes de ocio que siempre han disfrutado, tenga cuidado! Puede existir egoísmo, envidia, inestabilidad y falta de amistad hacia usted. Verá como otros amigos empresarios y que trabajan duro para lograr sus objetivos, nunca se lo echarán en cara"
  • "Mantenga contacto con la Iglesia. Sin duda le aportará espíritu de sacrificio y amor y respeto por su familia, creame, es necesario aunque le cueste apreciarlo o entenderlo en ciertos momentos"
  • Aprenda de sus errores, pero no se atormente por graves que estos fueran. Siempre que sepa aprender y pedir perdón a los que haya ofendido. El que le juzgue por ellos, una vez haya rectificado y disculpado, sin duda; ignórele. No merece su atención. Es un prepotente y necio egoísta.
  • Duerma un mínimo de 8 horas diarias "
  • No busque heroes empresarios. Cada persona es un mundo. Aprenda de cada uno de ellos, pero mezcle lo mejor de cada cual y haga traducción de lo obtenido para su negocio. Tampoco pretenda ser héroe empresarial."
  • La peor inversión?; un coche caro. Las marcas caras y deportivas son para engaña cretinos y gente de apariencia. Un automóvil ha de ser seguro, cómodo y de mantenimiento económico. Todos ellos pueden mantener un kilometraje superior a una vuelta al mundo.
  • Haga deporte"
  • Desconfíe siempre de su financiero y contable/s. Aunque sea su "hermano". Que se sientan vigilados. Si no están cómodos por su vigilancia, no lo dude, algo ocultan!! "
  • Pague muy buenos salarios en su equipo de confianza, pero penalice los errores y por su puesto pérdidas de beneficios en su negocio. El que le insinue que no puede hacerlo, gestione su salida a la mayor brevedad. No piensa en empresa, si no en asalariado sindicalista.
  • No debe de haber excusas de falta de ventas por ninguna causa ajena a su empresa. Si bajan las ventas de su negocio, usted y su equipo están llevando una mala gestión"
  • Viaje siempre en turista.
  • " Una voz de mando enérgica y alarmante, fortalecerá y vitalizará a su equipo directivo. Piense cuando ha de hacerlo y nunca lance amenazas que no pueda o vaya a cumplir "
  • No mantenga amistad con sus banqueros. Si lo va a hacer, deje de trabajar con ellos. Verá como la amistad no continua, y si llegara a continuar, no trabaje con el nunca mas.
  • Obligue siempre a que le rindas cuentas. Aunque sea mediante telegrama
  • Vaya retirando beneficio del negocio hacia su patrimonio personal. No se asuste si tiene saldos ajustados. Pero nunca devuelva una letra!
  • " Sueñe todo lo que pueda, pero no olvide filtrar sus sueños a la hora de materializarlos y hacerlos realidad"
  • No esconda ni oculte su riqueza a sus hijos, pero siempre recordandoles lo que ha tenido que trabajar, hacer y perseverar para conseguirlo. Que no olviden que NADIE a vivido felizmente sólo de la herencia y que por su puesto, no es más feliz el que más tiene, si no el que menos necesita
  • "Aprenda a decir que NO. Si el contrario se muestra ofendido, no lo olvide; mejor para usted "
  • " Los amigos NO EXISTEN. En el diccionario griego, AMIGO es la persona que daría su vida por usted; Cuantos amigos tiene? Sólo su familia. Nunca lo olvide!"
  • " Nunca se ha cerrado un negocio en una barra americana. Tenga mucho cuidado con las personas que le proponen esta forma de funcionar. Se impone en la sociedad de forma ilógica."
  • " El que mantiene relaciones con una mujer que no es su esposa, menos reparo tendrá en mantener relaciones con su competencia. Evite a esta gente. Si engaña a su esposa, con mas facilidad le engañará a usted. Ni si quiera se preocupe por intentar reconducir su vida. Le acabará salpicando a usted"
  • " Cuente con las opiniones de todo su equipo, sin despreciar a la gente de menos categoría. Pueden aportarle la sabiduría que no es capaz de ver por si sólo"
  • " Rece siempre que pueda con sus hijos. Sin duda es la mejor herencia que puede dejarles en vida "
  • " Sea constante. Un precioso y rentable proyecto sin constacia se volverá contra usted "
  • " Evite los piropos, elogios y reconocimientos hacia su figura. Pero búsquelos de su esposa. Si no lo llegara a hacer, pídaselo. Le va a hacer falta. "
  • " Impida de forma drástica, incluso brusca las malas compañías. Haga lo mismo hacia sus hijos. Se lo agradecerán aunque inicialmente se tenga que enfrentar con ellos. Hágales comprender, pero si no lo entienden, no se preocupe. Córtelo de forma radical!"
  • " Hable mucho con sus hijos, busque momentos sólo para ellos. Uno a uno. Viaje con ellos. Gane su confianza. Les ayudará enormemente durante todas las experiencias de su vida "
  • "¿ Le gusta ser comprendido?, a su esposa también. Compréndala, pero exija que le comprenda también a usted."
  • " Evite siempre entrar en política. No es el objetivo de empresario. Le desviaría de tal fin. O una cosa u otra. Usted elije. "

21 de octubre de 2009

Manipulaciones


No pude estar en la Manifestación del 17 O. Pero lo que estoy leyendo en estos días acerca de ella no me gusta. Me parece fantástica la respuesta bloguera, es decir, la de aquellos blogueros que han expresado en sus post las experiencias e impresiones de aquella jornada. Lo que no me gusta es el interés de algunos de aprovechar el éxito para sus fines partidistas. Y no me gusta porque no fueron los partidos quienes organizaron la manifestación y mucho menos la Iglesia Católica. Es más, los organizadores pertenecen a la sociedad civil y se cuidaron mucho de que esa marea humana fuera manipulada por los partidos.


Yo entiendo perfectamente que los votantes de los Partidos que en las pasadas elecciones europeas apostaron directamente por la vida (todos juntos sumaron unos setenta mil votos) tuvieran la tentación de aprovechar ese éxito -en el que ellos han contribuido en gran manera, pues en nada quiero quitarles el gran mérito que tienen- para arremeter no sólo contra los políticos del PP sino también contra sus votantes. Ya escribí en una anterior ocasión lo que pienso acerca del voto católico, y no es cuestión de volverlo a tratar aquí. Repito que la tentación de arremeter contra los católicos tibios es muy fuerte. Pero también quiero señalar la necesidad de unir las fuerzas en lo que importa: cada vida. ¡Cada vida importa! Éste fue el lema y éste debe de ser el objetivo de todos cuantos defienden la vida, sin dejarse llevar por intereses partidistas, que son totalmente lícitos en otros momentos, pero que ahora mismo son inoportunos.

Lo que sí me ha llegado a enfadar es el intento de algunos políticos y periodistas de interpretar en clave política la manifestación, considerando que detrás de ella estaban los Partidos o la Iglesia y que todos los participantes eran títeres sin personalidad propia.

Uno de los razonamientos más penosos ha sido el de considerar que la manifestación del 17 O fue principalmente una demostración de que no existe consenso social sobre el aborto. ¡Pues claro que no hay consenso social y que esta reforma se nos quiere imponer con calzador! Pero yo diría que hay que darle las gracias a Zapatero por haber radicalizado su postura, pues eso ha permitido que la conciencia ciudadana de los españoles se despierte, pues estaba narcotizada.

Los manifestantes del 17 O fueron a Madrid a dar voz a los que no la tienen. Ninguno de ellos se hubiera movido para señalar que no hay consenso social sobre ese tema. Esto del consenso social es un buen argumento para los políticos, pero no es lo que se trataba en Madrid en ese día.

Por favor, no nos manipulen. El movimiento en favor de la vida, de cada vida, no ha hecho más que empezar. Esperemos que muchos se den cuenta de ello y reaccionen. Que cada cual reacciones como quiera: ¡ése es su problema y problema acuciante de conciencia!

20 de octubre de 2009

Carta póstuma

Este verano ha fallecido el padre de un amigo mío. Yo estaba fuera de Valladolid, en aquellos momentos, pero cuando volví a ver mi amigo unas semanas más tarde me habló de lo conmovido que estaba, edificado espiritualmente por el modo con que su padre había afrontado la vida y la muerte. Me habló de una carta póstuma y no se opuso a la idea de que yo la publicase en este blog. Así lo hago. Es una carta que el difunto dirigió a sus hijos, para que la abrieran y leyeran después de su muerte.


Queridos todos:

Si leéis esta carta es que el Señor me ha llamado a su presencia. Espero, de su benevolencia, perdone mis cobardías, egoísmos, traiciones.

Mis últimos deseos os los dejo en esta carta, espero que reflexionéis sobre ello.

En primer lugar, querer a mamá y mimarla cuanto podáis; todo sería, en términos económicos, poco para pagar el cariño y develo hacia vosotros, toda una vida sin más objetivo que ¡sus hijos! Habrá tenido fallos, pero son insignificantes en el haber general. Todo cariño es poco para compensar sus preocupaciones, sus dolores por todos vuestros problemas. Pero no se trata de compensar nada, mamá ha cumplido con todo su saber y energía la función de madre. Se trata que le deis el cariño y el mimo que ella necesita en este tiempo difícil para ella.

Segundo: Llevaos bien, permaneced unidos. Tratrar de comprenderos y respetaros. No ampliéis vuestras diferencias, ayudaros todos y en especial al que más lo necesite.

Tercero: he tratado de transmitiros la fe que a su vez mis padres me dieron a mí y tengo como el bien más precioso. En algo he fallado, pues me parece que vuestra vida espiritual es lánguida, como si tuvierais miedo a que esa fe fuera incompatible con el mundo actual. La fe que yo he querido daros es en un Dios bueno, paciente, que sólo busca nuestro bien, aunque la impaciencia humana sea un obstáculo para entender sus decisiones.

La felicidad en este mundo está en entender y aceptar con alegría lo que Dios nos manda, apoyados en esa fe, que cree firmemente que Dios nunca nos abandona. Una vida espiritual sin frecuentar los sacramentos es una vida anémica. La comunión frecuente es el mejor alimento del alma.

Cuarto: No quiero lutos para mí, ni visitas al cementerio. Sí os pido que cuando os acordéis pidáis a Dios por mí y en vuestras comuniones tended un recuerdo para vuestro padre.

Quinto: Deseo que mis cenizas reposen junto a mis padres. La esquela la dejo hecho. Deseo que no figure ningún título, simplemente el nombre y debajo: "dejo este mundo, en Valladolid, el día... de... esperando de la misericordia del Padre ganar la vida eterna".

Sexto: A los que, por razones de matrimonio, os habéis encontrado formando parte de mi familia, mi agradecimiento por haber soportado mis errores, mis pesadeces, que sin duda las ha habido. Mi actitud hacia vosotros no ha sido de aceptación, sino de cariño. Todos tenéis virtudes para ser amados. En la parte que os toca, procurad fomentar la unión entre los hermanos. No todos somos iguales, hay diferencias pero éstas no deben ser elevadas a la categoría de enemistades.

Séptimo: Nada de lo que tengo vale como para ser motivo de enfado. Mientras viva mamá respetad sus deseos. Si sus deseos en vida son: ir distribuyendo objetos que tuvieron más carácter particular mío, permitidme un consejo pot mortem. Tened en cuenta las aficiones de cada uno: en cuanto libros procurad hacer lotes por temas o colecciones. Igual para los discos. La suerte, aunque sea una gran impostora para algunos asuntos, puede ser el procedimiento menos injusto.

Habéis sido buenos hijos, cada uno a su manera siempre me habéis demostrado cariño. Os he querido sin límite y sin diferencias, he procurado formaros lo mejor que he sabido y me he preparado para ello. Habrá habido fallos, propios de la imperfección humana, nunca por despreocupación o falta de amor.

Para todos mi agradecimiento.

16 de octubre de 2009

Fraternidad y economía en tiempos de crisis


He vuelto a leer unos pasajes de la Encíclica Caritas in veritate que me parecen muy interesantes en estos tiempos de crisis. Los transcribo y comento paso a paso:


"La doctrina social de la Iglesia sostiene que se pueden vivir relaciones auténticamente humanas, de amistad y de sociabilidad, de solidaridad y de reciprocidad, también dentro de la actividad económica y no sólo fuera o 'después' de ella. El sector económico no es ni éticamente neutro ni inhumano o antisocial por naturaleza. Es una actividad del hombre y, precisamente porque es humana, debe ser articulada e institucionalizada éticamente" (Caritas in veritate, 36)

El Papa sale al paso de dos modos equivocados de contemplar el mercado: el de considerarlo como un ámbito éticamente neutro, al margen de las relaciones verdaderamente humanas, en donde rigen únicamente criterios de beneficio y de utilidad. El capitalismo tiende a presentar el mercado bajo esta luz. De manera que cuando se produce una crisis como la que está pasando nuestro país se puede pensar que la actividad económica es por naturaleza antisocial. En esto consiste el otro error del que quiere prevenirnos el Papa. Por eso nos encontramos ahora ante un desafío, que Benedicto XVI, describe con estas palabras:

"El gran desafío que tenemos, planteado por las dificultades del desarrollo en este tiempo de globalización y agravado por la crisis económica-financiera actual, es mostrar, tanto en el orden de las ideas como de los comportamientos, que no sólo no se pueden olvidar o debilitar los principios tradicionales de la ética social, como la transparencia, la honestidad y la responsabilidad, sino que en las relaciones mercantiles el principio de gratuidad y la lógica del don, como expresiones de fraternidad, pueden y deben tener espacio en la actividad económica ordinaria. Esto es una exigencia del hombre en el momento actual, pero también de la razón económica misma. Una exigencia de la caridad y de la verdad al mismo tiempo" (Ibidem).

La salida del Pontífice es realmente sorprendente y supongo que más de un experto economista se rasgará las vestiduras. Sin embargo, el razonamiento es lineal y tumbativo. El mercado puede ciertamente considerarse como una actividad inhumana y peligrosa en la medida en que se considera al servicio del egoísmo de los individuos. El problema no está en el "medio" o en el "instrumento" sino en las intenciones y objetivos que persigue el que lo usa.

Por esta razón, el Pontífice propone una idea sencilla pero coherente. ¿En virtud de que principio económico hay que considerar que el principio de gratuidad y la lógica del don están reñidos con la actividad económica y la con obtención de beneficios? El Papa sostiene que este principio y esta lógica deben encontrar espacio en la actividad económica, pero no sólo porque la actual situación de los hombres está reclamando un cambio de rumbo sino también por exigencia de la razón económica misma.

Estas reflexiones de Benedicto XVI me han recordado uno de los más conocidos oráculos de Isaías. El profeta ha escuchado el lamento del Pueblo. Ellos han clamado a Dios y han presentado su ayuno, pidiendo su favor. Sin embargo, éste no ha llegado: "¿Para qué ayunar, si no haces caso? ¿Mortificarnos, si tú no te fijas?" - se preguntan.

El profeta les invita a que en vez de dudar de Dios, pongan en duda la rectitud de sus acciones y, en concreto, de sus ayunos:
"Mirad: el día de ayuno buscáis vuestro interés, y apremiáis a vuestros servidores; mirad: ayunáis entre riñas y disputas, dando puñetazos sin piedad. No ayunéis como ahora, haciendo oír en el cielo vuestras voces. ¿Es ése el ayuno que el Señor desea, el día en que el hombre se mortifica? Mover la cabeza como un junco, acostarse sobre estera y ceniza, ¿a eso lo llamáis ayuno, día agradable al Señor? El ayuno que yo quiero es éste: abrir las prisiones injustas, hacer saltar los cerrojos de los cepos;dejar libres a los oprimidos, romper todos los cepos; partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que ves desnudo y no cerrarte tu propia carne" (Is 58, 3-7).
Si las cosas no van como esperábamos. Es más, si van extraordinariamente mal, antes de echar la culpa a alguien - a Dios, como hacían los antiguos, o al sistema económico o al mercado o a la humanidad misma, como se inclinan a hacer los ateos o agnósticos- conviene examinar las propias acciones para ver si están animadas por un móvil solidario. Ahora son pocos quienes ayunan, pero muchos los que sufren la carestía y las estrecheces de la crisis. A todos son aplicables las palabras de Isaias: "no cerrarte tu propia carne", en definitiva, comprender que si sólo te preocupas por tu propio beneficio, arrastrado por móviles egoístas, no debes quejarte de tu suerte. Por el contrario, si en tus negocios te mueves por el principio de la gratuidad y por la lógica del don, "entonces romperá tu luz como la aurora, en seguida te brotará la carne sana; te abrirá camino tu justicia, detrás irá la gloria del Señor. Entonces clamarás al Señor, y te responderá; te pedirá auxilio, y te dirá: aquí estoy" (Is 59, 8-9).

Este principio y esta lógica responden a la naturaleza misma de la persona humana, en cuanto ser en relación llamado a la comunión. El profeta emplea el concepto de carne en su sentido más universal: todos los hombres estamos unidos por lazos de fraternidad. Si desatiendes a tu hermano, es tu propia carne la que está necesitada. Vive la fraternidad, también en los negocios, y entonces "tu luz romperá como la aurora", saldrás de las tinieblas de tu egoísmo.

15 de octubre de 2009

Ni les tiraremos piedras, ni nos taparán la boca

"Guardaos de la levadura de los fariseos", se proclama desde todos los ambones en el día de hoy. Como es sabido, la levadura de los fariseos es la hipocresía. En seguida me ha venido a la cabeza la impresión que me causó ayer la visión de un vídeo promocional de unas asociaciones de mujeres en favor de la reforma de la ley del aborto.

Da toda la impresión de que los viandantes sometidos a las preguntas de la encuesta están todos teledirigidos. ¿Está usted a favor o en contra del aborto? Todos responden -con gran decisión y energía- EN CONTRA, salvo uno que precisa así: totalmente en contra. A simple vista parece un vídeo del movimiento pro vida. ¿Acaso no están todos en contra del aborto?

Pero en seguida se les ve el plumero. Las dos siguientes preguntas son éstas:

  • ¿Conoce usted a alguna mujer que haya abortado? La respuesta también está manipulada: alguna y varias. Todos conocen personas que hayan abortado. La manipulación no está en el hecho de que todos afirmen conocer a mujeres que han abortado, sino en el modo de responder. Intentan mostrar que el provocar el aborto es un fenómeno social tan extendido, que todos estamos rodeados de personas que han abortado.
  • ¿Cree usted que esta mujer debería ser encarcelada? Y aquí todos -también con una unanimidad y homogeneidad de respuesta- callan, poniendo cara de circunstancias o de perplejidad. Lo curioso es que todos aquellos que respondieron con toda decisión EN CONTRA, ahora, ante esta tercera pregunta, hacen patente con su silencio y con su perplejidad, el grado de hipocresía de los realizadores del vídeo.
Muchas veces la hipocresía es difícil de captar. El mensaje que transmiten es sencillo y claro: tú puedes estar en contra del aborto -TODOS LO ESTAMOS-, pero de lo que aquí se trata es de NO CRIMINALIZAR A LA MUJER QUE ABORTA. Piénsalo bien.

¡Ay de vosotros, hipócritas!

¿Quién está hablando de encarcelar a nadie? Hay que ser coherentes: si se condena el aborto hay que condenar a quien lo realiza. Condenar no significa "encarcelar". Condenar significa señalar con el dedo: "ESO QUE HAS HECHO ES HORRIBLE". En esta afirmación no hay un juicio de la persona, sino de su crimen. La gran mayoría de los cientos de miles de manifestantes de mañana sábado no pretende "lapidar" a las mujeres que han cometido el aborto. Nadie quiere tirarles piedras.

Pero todos ellos estarán absolutamente en contra de una ley que pretende presentar como bueno un crimen execrable: la destrucción de un ser humano, inocente, a manos de su madre; porque de eso se trata, de otorgar a las mujeres el derecho a abortar. Gracias a Dios, después de unas cuantas décadas, en las que los ciudadanos hemos estado como anestesiados y conniventes, conviviendo a dos pasos de los modernos campos de exterminio -también llamados abortorios-, se está produciendo una reacción en cadena que nadie podrá interrumpir. NO NOS TAPARÁN LA BOCA. Diremos y repetiremos, en todos los ambientes y mediante todos los medios pacíficos, que el aborto es un crimen nefando. Quienes dicen estar en contra del aborto y al mismo tiempo defienden el derecho de la mujer a cometerlo impunemente son unos hipócritas.

En Madrid, el 17 de octubre, ni les tiraremos piedras ni nos taparán la boca.




Organizaciones de mujeres a favor de la nueva ley difunden un vídeo que invita a reflexionar sobre la criminalización del aborto.

Este es el vídeo y el pie de foto que apareció ayer en el Mundo.

Y éste es el vídeo promocional en el que los ginecólogos invitan a participar a la Manifestación de mañana: no dejes de ir, para darle voz al que no la tiene. No nos taparán la boca.



La brújula y la píldora

Es un lugar común, pero no deja de ser cierto, que detrás de los grandes cambios en la Historia de la Humanidad, de aquellos que los expertos se esfuerzan en caracterizar como causantes de una nueva época, se encuentran pequeños inventos que producen transformaciones profundas. Se suele señalar que la brújula contribuyó a que el mundo cambiara por la sencilla razón de que los viajes –y, con ellos, los mapas- se comenzaron a realizar con exactitud y precisión. El hombre moderno se apoderó del mundo hasta convertirlo en un ámbito doméstico, conocido. La brújula sirvió para la orientación y ésta ha permitido que se configurase el mundo tal como lo conocemos: nuestro mundo se encuentra en las prospectos de las agencias de viaje y es “nuestro” porque está al alcance de la mano.

A mediados del siglo XX, otro pequeño invento cambió profundamente el panorama de la Humanidad, pero yo diría que en sentido diametralmente opuesto al de la brújula. En cuanto se descubrió cómo se produce el ciclo de la sexualidad femenino y que ésta no está ligada biológicamente a la reproducción, puesto que existen los períodos agenésicos, muchos cerebros se lanzaron en pos de esa idea: habría que conseguir una píldora que produjese de modo artificial el efecto de impedir la ovulación de la mujer. Recuerdo haber leído que en uno de los Sínodos de Lamberth de los años veinte, que periódicamente celebra la Iglesia anglicana, los prelados se preguntaron si sería lícito o no regular la fertilidad de la mujer mediante el uso de pastillas anovulatorias. Todavía no se habían inventado, pero había una total confianza en que se conseguirían. La respuesta fue positiva y el descubrimiento no tardó en llegar.

La píldora ha sido uno de los inventos más desorientadores producidos por la imaginación humana. Con la idea de poner en manos del individuo una sexualidad sin riesgos, el dichoso invento ha transformado profundamente la geografía humana, pero no para conocerla mejor como fue el caso de la brújula para la geografía, sino precisamente por todo lo contrario. El hombre y la mujer que usan medios anticonceptivos tienden a vivir una sexualidad homosexual, en la que las diferencias de género se difuminan quizá hasta desvanecerse. Obviamente no es ésta la intención de quienes las consumen, puesto que pretenden ser dueños del ejercicio de su sexualidad. Sin embargo, al privar al acto sexual de su ordenación natural a la procreación, lo desvirtúan o desnaturalizan. Algún autor ha señalado, en efecto, que el uso de los anticonceptivos –y en este caso, el preservativo expresa esta idea de manera más plástica y efectiva que los anovulatorios- produce una homosexualización de la sexualidad humana, puesto que no tiene sentido la diferenciación sexual.

Podría objetarse que tal idea es no sólo exagerada sino incluso totalmente desafortunada y negativa. Podría admitirse, a lo sumo, en los casos en los que la sexualidad de una persona esté dirigida únicamente a la obtención del placer sexual sin ninguna referencia a la reproducción. En estos casos, en efecto, es difícil distinguir cabalmente la diferencia entre una sexualidad hetero u homo. Encontraremos en ambos casos efusiones y profusiones tendentes a apagar la líbido (aunque los agentes del acto puedan cultivar otras buenas intenciones).

No obstante, en tantos hombres y mujeres casados y con hijos, la apreciación del filósofo sería insultante. En mi opinión, la valoración de la anticoncepción como práctica homosexual es válida en todo caso. Lo que ocurre es que quienes hacen recurso de ella para regular los nacimientos, dentro del matrimonio, mantienen el sentido primigenio de la sexualidad en sus intenciones y por lo menos en algunos momentos de su vida marital. En el ambiente y en la cultura dominante en nuestros días, son muchos los esposos y esposas que recurren a la anticoncepción totalmente convencidos de la licitud y bondad de sus actos. No cabe duda de que estas personas merecen todo el respeto y de que ellos –así radicalmente convencidos- no cometen formalmente pecado (1), sin embargo cada uno de esos actos está objetivamente desvirtuado y reducido a la condición de un acto homosexual, a pesar de haber sido realizado por un hombre y una mujer.

La píldora –en cualquiera de sus formatos o sucedáneos- produce una desorientación profunda en quienes la usan. ¿Cómo no ver los desastrosos efectos de la píldora detrás de la ideología de género, que quiere convertir a todos los individuos en mónadas sexuales, autoconstruidas a capricho en cuanto a su identidad y a su orientación sexuales? ¿Cómo negar que la normalización de la homosexualidad ha sido sólo posible gracias a la cultura hedonista y anticonceptiva de nuestros contemporáneos?

¿Cabe mayor desorientación en la vida? Podemos movernos por todo el mundo, pero muchos no saben cómo orientarse en la construcción de una familia.


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(1) En teología moral se explica que los actos ilícitos cometidos con ignorancia invencible no constituyen pecado desde el punto de vista formal y, por tanto, no enemistan a sus autores con Dios. Sin embargo, cabe señalar que esos actos siguen siendo objetivamente desordenados y, en consecuencia, en nada les ayuda en el camino de la santidad, sino que más bien les sirve de obstáculo.

14 de octubre de 2009

En la consulta.

Con atención y mucho agradecimiento leí los dos artículos precedentes sobre el débito conyugal de Don Joan. Nada puedo ni quiero agregar a lo dicho. Solamente comentar un aspecto que, por razón de mi profesión, tuve que enfrentar en varias ocasiones..
El ambiente cargado de erotismo que nos rodea lleva, a poco que nos descuidemos, a perder la noción de la realidad. En efecto, en los cursos para novios por ejemplo, es preciso hacer ver a los futuros esposos que en el lecho conyugal las cosas no son como en las películas. Hay que conocer al cónyuge, su forma de amar, de sentir, de manifestar su lenguaje corporal. Pasada la fogosidad de los primeros meses de casados, vendrán momentos de mayor o menor apetencia, de conocimiento con aceptación respetuosa y admiración del ciclo hormonal femenino, con sus consecuencias en la vida conyugal y en la procreación. Asimismo el vigor varonil, influido por el cansancio, el trabajo, las mil cosas del acontecer diario, o alguna medicación con efectos colaterales, podrá tener sus altibajos, incluso en edades jóvenes.

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Suelo decirle a los futuros esposos y padres, que consideren que para una madre joven, el pecho que amamanta puede ser al rato el pecho de una esposa amante. Este hecho por sí solo,implica un desafío importante para la mamá. Ser esposos, nuevamente, no es como en el cine. La vida es más rica.
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Junto con lo anterior y volviendo a la influencia del ambiente que nos rodea, los esposos debemos cuidar nuestro corazón para la persona amada. Descuidar la vista ante el escaparate circundante tiene riesgos grandes. No sólo desde el punto de vista moral. Pensemos en el desajuste con la realidad que se produce. La imaginación luego traiciona. Y más de una vez un diagnóstico de disminución de la libido, de frigidez, no es más que un eufemismo para esconder que en la mente de esa persona, se han juntado imágenes, recuerdos y sensaciones que alteran el normal desarrollo de la sexualidad real, de carne y hueso.
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Los estímulos que recibe nuestro cerebro no se pueden archivar como en una computadora en una carpeta. La sexualidad humana se expresa como una manifestación más de la unidad del cuerpo y el espíritu. Las expectativas irreales, desproporcionadas con la condición propia o del cónyuge, llevan a fracasos en la relación conyugal que no hay Viagra ni cirugías plásticas que arreglen.
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Finalmente, que el acto sexual entre los esposos es justicia y es amor. Es placer y es don de sí. Pero siempre y cuando, con sinceridad, se vean los hechos con la luz de la razón, del corazón y del respeto de la persona.

¡Qué bien te sienta la fe!


Me llamó la atención esta frase con la que un amigo le indicaba a otro cómo su conversión le había transformado en una persona mejor. Quizá no parezca lo más apropiado comparar la fe con un vestido o ropaje exterior, porque indudablemente la fe -en la medida en que es verdadera- consiste precisamente en una interiorización profunda de la persona. La vida cobra un sentido nuevo: te sienta, es decir, te pone en tu sitio, te sitúa en el mundo y te orienta hacia un objetivo que está fuera de él.


Quizá era precisamente esto lo que el amigo quería indicar: "antes eras un cabeza loca, un culo inquieto e ibas por la vida como un descentrado, sin tomarte nada en serio. Ahora, en cambio, has adquirido madurez y responsabilidad y te has centrado. ¡Qué bien te sienta la fe!".

En la última película de Amenábar -"Ágora"- los cristianos aparecen vestidos con túnicas grises u oscuras, mientras que los paganos endosan ropajes luminosos, blancos. Mientras ellos son cenizos e intolerantes, los paganos viven la vida intensa, apasionadamente. Es posible que este cineasta español que se define ateo haya tenido experiencias negativas y que se haya cruzado con cristianos de boquilla. Lo que me resulta difícil es entender la actitud agresiva de los ateos: es como si la fe falsa en dios se hubiera transmutado en una fe atea, una especie de metamorfosis de una fe ideológica. Me explicaré: si la fe cristiana no se vive con coherencia y de modo auténticamente personal puede degenerar en una ideología, de manera que produzca una reacción de rechazo que consiste en una ideología de signo contrario: el ateísmo.

Porque así como no se puede demostrar de una manera fehaciente y acabada, totalmente convincente para todos, la existencia de Dios (1), tampoco se puede negar que exista. Intentar imponer la creencia en Dios es tan irracional como la pretensión de imponer coactivamente la creencia de que no exista.

Desde chaval sentí admiración por muchos de los autores existencialistas y por los personajes en que ellos recreaban sus angustias vitales. Shidarta o el lobo estepario me llegaron a impresionar e incluso atraer mucho. Comprendo perfectamente que las personas puedan ser agnósticas, pero precisamente por eso en su horizonte se encuentra la fe como posibilidad. El agnóstico no niega la existencia de Dios ni del sentido de la vida. El agnóstico vive su existencia como una búsqueda de sentido, como rastreando entre los acontecimientos los signos de verdades superiores en las que el intelecto pueda encontrar reposo. En una ocasión, un padre del colegio se declaró agnóstico. Le pregunté: ¿por qué, entonces, has traído a tu hijo a este colegio en donde recibe formación cristiana? Su respuesta me convenció: porque veo que la gente que tiene fe es más feliz que la que no la tiene y yo deseo lo mejor para mi hijo. La fe sienta bien, pero sólo con la condición de que sea verdadera y no una mera compostura o andamiaje exterior, que podría acabar por confundirse con cualquier ideología.

Recuerdo que en la adolescencia convivían en mí la fe cristiana recibida de mi familia -con sus certezas- y una actitud vital de angustia ante el mundo que me rodeaba, que me parecía lógica y auténtica. La conversión llegó cuando comprendí el verdadero sentido de la fe cristiana, que no consiste tanto en la aceptación de una doctrina, ni siquiera de unos dogmas, sino en el seguimiento de una persona que me interpelaba. Seguir a Jesucristo, vivir su vida, realmente te transforma. La fe entonces te sienta muy bien. Las dudas y las angustias desaparen por ser incompatibles con la luz interior recibida.


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(1) Adviértase que no estoy negando la posibilidad de demostrar la existencia de Dios, lo que afirmo es que todos los razonamientos dejan un espacio para el asentimiento de la fe. Podemos llegar a afirmar su existencia, pero poco más.

13 de octubre de 2009

El débito conyugal y el cuarto mandamiento


Veíamos ayer cómo en las últimas décadas ha dejado de hablarse del débito conyugal, casi como si el amor fuese una realidad totalmente gratuita y de ninguna manera debida en justicia. Efectivamente, la comprensión del matrimonio como un vínculo de naturaleza contractual favorecía la estructuración del débito conyugal como primero de los deberes de los esposos.


Curiosamente, el lugar propio de la reflexión jurídica y moral sobre el acto conyugal consistía o bien en el sexto mandamiento, cuando no se respetaba la castidad matrimonial (1), o bien en el ámbito del séptimo, en cuanto que en él se regulan las relaciones de justicia: no robarás. Si un cónyuge se negase a cumplir el débito, estaría claro que estaba privando al otro de algo que le es debido en justicia y, por lo tanto, que le estaba robando lo que es suyo. Esto puede sorprender al lector, pero hay que tener en cuenta que al considerar el matrimonio como un contrato, la relación jurídica conyugal tendía a ser considerada al margen del amor y de la familia. Los esposos estarían unidos por un vínculo contractual, no familiar. Ellos deberían fundar la familia, pero no serían parientes entre sí. Mientras las relaciones familiares son eternas, el vínculo jurídico que une a los esposos permanece únicamente mientras ambos estén en vida: "hasta que la muerte les separe". A diferencia de los lazos familiares, constituidos por la carne y la sangre, el vínculo matrimonial estaría perfeccionado por la libertad. En la familia, en cambio, nadie escoge a los parientes: éstos están ahí, sin que tú los hayas elegido.

Puesto que la moral conyugal estaba totalmente descolocada, viciada en la raíz por la visión contractualista del matrimonio, la profunda renovación antropológica del Concilio Vaticano II (que considera el matrimonio como una relación familiar causada por una alianza o pacto mediante el que los esposos se entregan y reciben mutuamente) tuvo -como vimos- un potente impacto en la manera de comprender el débito conyugal. Al considerar que no se trataría de una cuestión de justicia sino de amor, en realidad se puede llegar a afirmar que casi habría desaparecido el débito conyugal, pues ya no se consideraría como algo estrictamente debido en justicia, sino como una simple expresión de afectos y sentimientos amorosos.

Es necesario rescatar el concepto de débito conyugal, que no es una invención o convención humana, sino un deber natural y sagrado que concierne directamente a la entrega recíproca de los esposos. Para ello nos parece conveniente situar este deber en el verdadero marco moral en el que comprenderlo y estudiarlo. El acto conyugal es un acto de justicia y de amor: los esposos se reconocen en él como lo que son, una unidad constituida y trascendida por la acción de Dios, quien les ha convertido en una sola carne. Así lo expresa el libro del Génesis: "Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne" (Gn 2, 24).

Es sabido que existen dos tablas de la Ley. En la primera se encuentran los mandamientos que se refieren a Dios; en la segunda, los que se refieren a las relaciones del hombre con el mundo y con el cosmos. En esta segunda tabla, el primero y principal mandamiento es el que obliga a honrar al padre y a la madre, es decir, a la familia.

Se comprenderá en seguida que si el matrimonio es concebido como una relación de naturaleza familiar la moral conyugal queda directamente englobada en el cuarto mandamiento. El marido y la mujer se deben honrar recíprocamente, puesto que ambos son una sola carne y constituyen un sacramento originario en el orden de la creación (2). No hay manera más clara de revalorizar el débito conyugal: se sitúa en el mismo orden que el deber de la educación o del sustento material por parte de los padres para con los hijos o que la reverencia y obediencia que éstos les deben por haberlos engendrado. En el orden social, pocos deberes tienen más trascendencia que el constituido por el débito conyugal.

Al cumplir con este deber los cónyuges están yendo mucho más allá que en proporcionarse la satisfacción de un instinto o de unos deseos de orden afectivo sexual. El acto conyugal, objeto de este débito, es la quintaesencia del sacramento del matrimonio: un signo sensible que abarca e integra todos los aspectos de la persona enalteciendo a los esposos, puesto que la gracia de Dios les trasciende y les santifica y, en el caso de ser fértiles, les confiere una participación de su poder creador para constituir una nueva relación paternofilial. No hay en la tierra un acto más valioso y honorable. Se trata, por tanto, de un derecho y de un deber sagrados.

Reconocerse una sola carne es tanto como afirmar su condición de familiares. Ellos son los primeros parientes, así como la fuente y la raíz de la familia. Sólo el acto conyugal es fecundo, en el sentido de generar las relaciones de filiación. Es fecundo por ser expresión y realización de la sacramentalidad conferida por Dios a su unión. Es fecundo incluso cuando los esposos son estériles, porque la fecundidad conyugal no se agota en la dimensión biológica de la fertilidad. La fecundidad es una propiedad de la unidad relacional en que Dios les ha constituido una sola carne. Expresar esta fecundidad mediante el acto conyugal es un derecho y un deber de todos los esposos, sea cual sea la religión que profesen.

Por otra parte, estudiar el débito conyugal como una exigencia del cuarto mandamiento permite comprender mejor cómo se combinan el amor y la justicia. Cuando un padre o una madre se levantan todas las noches para consolar al bebé, que llora desconsolado en la cuna, ¿por qué lo hacen? ¿por amor o por justicia? La respuesta es por ambas razones. Lo importante es entender que no lo hacen porque les apetezca o porque tengan especiales sentimientos de ternura: después de varias semanas -supongo yo- no les quedará ni rastro de ternura espontánea. Sólo si se esfuerzan por conseguir que esas atenciones sean a la vez un acto de amor y de justicia podrán conseguir hacerlas con una ternura virtuosa, pero real. En todo caso, conviene no confundir el amor con el sentimiento: éste puede desaparecer.

¿Y qué pasa si desaparece el sentimiento y el deseo sexual? Pues el cónyuge deberá saber cumplir con ese deber, casi de la misma manera que se esfuerza en acudir a los llantos del bebé. Aquí no se tratará de llantos ni de lamentos, sino de llamadas claras o por lo menos insinuaciones inequívocas de realizar el acto conyugal. Esas insinuaciones, si hay amor verdadero, deben bastar para que el cónyuge las atienda. La exigencia debe encontrarse en la misma conciencia.

Y aquí está el problema. Al desaparecer la noción de débito conyugal, la expresión hacer el amor equivale a algo así como practicar el footing o la gimnasia matutina. Hoy me apetece. Hoy no me apetece. Y si te apetece a ti, comprende que a mí no. No seas pesado/a y déjame en paz. ¡Claro! cuando estos pensamientos se justifican racionalmente, el problema ya no tiene solución. Al otro cónyuge le quedaría la posibilidad de reclamar el débito con exigencias externas, pero así sólo estaría cavando un foso mayor entre ambos.

¿Qué pasa si una madre decide no levantarse para atender al niño que llora? ¿Qué pasa si no le da la alimentación que necesita y a las horas en que la necesita?

Cuando la justicia en el seno de la familia se resquebraja, la verdad es que se puede hacer muy poco. Por lo menos, todo el mundo sabrá que esa madre es una mala madre que ni siquiera por estricta justicia atiende a su niño. En cambio, actualmente, se tiende a justificar a un cónyuge que desatiende al otro, precisamente porque se considera que hacer el amor es un problema de ganas y de sentimientos. Y no: es también una cuestión de estricta justicia.

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(1) No faltaban autores que tendían a considerar la moral conyugal en el ámbito del quinto mandamiento, al considerar la contracepción como un atentado contra el bien de la vida. Esto puede ser cierto en aquellos actos de naturaleza abortiva, pero no en cambio en los meramente anticonceptivos, que suponen una ofensa al amor conyugal pero no atentan contra la vida humana, puesta que ésta no ha llegado a constituirse.

(2) Adviértase que no nos referimos aquí al sacramento cristiano del matrimonio que es el que constituyen el hombre y la mujer bautizados, al ser signo de la unión de Cristo con la Iglesia. Aludimos más bien a la sacramentalidad originaria de la que está revestida la unión del hombre y de la mujer en el designio creacional.

12 de octubre de 2009

El débito conyugal


Todavía recuerdo la impresión que me causó tener en las manos la obra maestra de Tomás Sánchez: El débito conyugal, un libro del siglo XVII que reunía en un millar de páginas toda la ciencia moral y jurídica acerca de la conyugalidad. Y me causó impresión porque en nuestros días éste es casi un tema tabú, no sólo entre los predicadores que difícilmente descienden a estos terrenos de la vida espiritual, sino también entre los mismos especialistas. Si alguien pretendiese publicar un libro con este título - el débito conyugal- estoy seguro de que pasaría enormes dificultades.


¿Cómo es posible que hace unos siglos se pudiera escribir tanto y que ahora parezca que no se pueda decir casi nada al respecto? La principal razón es la dificultad con que nos movemos con las categorías antropológicas de signo personalista y el relativismo moral imperante en la sociedad. En cambio, durante siglos el consentimiento matrimonial ha sido pacíficamente considerado un contrato en el que los contrayentes intercambiaban los derechos sobre la sexualidad. En esa perspectiva jurídica era fácil situar el débito conyugal como el principal deber que los cónyuges asumían en su boda. Cada uno entregaba y recibía el llamado ius in corpus, es decir, un derecho a solicitar e incluso exigir la realización del acto conyugal.

En nuestros días, la terminología y los conceptos propios del iuscorporalismo perduran todavía en ciertos ámbitos del Derecho canónico, sin embargo han sido totalmente relegados al olvido en la teología moral y pastoral. El Concilio Vaticano II articuló sus enseñanzas sobre el matrimonio en torno a la noción de alianza conyugal, es decir, de un pacto en virtud del cual el hombre y la mujer se entregan recíprocamente el uno al otro para constituir el matrimonio. El objeto del consentimiento matrimonial coincide por tanto con las personas de los contrayentes. Parece que ya no se entregarían derechos, sino que son ellos mismos los que se donarían recíprocamente. Ya no sería la virtud de la justicia la que regiría sus relaciones, sino principalmente el amor conyugal. Es más, hablar de derechos y de deberes entre los esposos parecería una falta de sensibilidad. Estará bien que se hable de ellos en los códigos de Derecho, pero estarían fuera de lugar en una relación interpersonal regida por el amor y la confianza.

Así, en nuestros días, el débito conyugal se habría convertido en el don o regalo conyugal. Todo acto sexual sería siempre un gesto gratuito de amor realmente afectivo, expresión del amor con que los esposos mediante la unión de sus cuerpos fundirían también sus almas y sus vidas. De esta manera, me da la impresión de que se está cometiendo un gran atropello, al sustraer el acto conyugal del ámbito de la justicia. Porque, antes que ser expresión del amor afectivo el acto conyugal es un acto de justicia. De manera que los esposos se deben el uno al otro de manera objetiva y concreta. Y el hecho de que no se deba considerar elegante ni oportuno que exijan -así: ¡exijan!- la realización del acto, no significa que por ello pierda su carácter de débito, de deber de justicia. Puede suceder -me parece que es muy frecuente- que uno de los contrayentes esté esperando unas circunstancias ambientales y personales idóneas, que permitan la realización de un acto de amor en el que los sentimientos y los afectos sean los óptimos y, mientras tanto, puede estar faltando a la justicia (y por tanto también al amor conyugal) al no saber advertir las necesidades de su cónyuge, quien ya no sabe de qué modo solicitar ese gesto de amor y de justicia. Quien está ejerciendo un derecho en toda regla, puede tener la sensación de estar extendiendo la mano como un mendigo solicitando de su cónyuge la graciosa liberalidad sexual.

No soy en absoluto un nostálgico de los tiempos del iuscorporalismo. Estoy convencido de que el débito conyugal estaba entonces sobredimensionado y desenfocado. El matrimonio es un vínculo jurídico que pone en juego la virtud de la justicia, pero no se trata de un vínculo contractual producido por el intercambio de derechos, sino de una relación conyugal de naturaleza familiar presidida siempre por el amor. No se puede tratar el débito conyugal como si no tuviera nada que ver con el amor. Así se hizo en otra época. Eso permitía realizar análisis minuciosos de todas las circunstancias que podían rodear la realización del derecho conyugal, así como de las que eximían de dicho deber. El débito conyugal es un débito de amor y de justicia. Estas dos virtudes están presentes en él de manera indisociable.

Un hombre exige a su mujer la realización del acto conyugal invocando el sagrado derecho adquirido el día de su boda. ¿Qué se debe pensar de este hecho? Sin más circunstancias personales, nada se puede decir acerca de esto. Porque podría suceder que la mujer se siente una mera comparsa sexual, un objeto para la satisfacción de los deseos carnales del marido. Entendería, por tanto, que su dignidad personal le exime de secundar las exigencias de su marido. Me parece que cabe perfectamente esta interpretación de los hechos.

Pero qué duda cabe que es posible también otra lectura diametralmente opuesta. Puede suceder que la mujer haya considerado que los actos sexuales son propios de los primeros tiempos del matrimonio y que, llegada a cierta edad, pueden incluso llegar a ser desagradables y molestos. Y esta idea puede perjudicar seriamente la relación conyugal, imprimiendo en la mujer una actitud y un sentimiento de victimismo con los que pretende justificar su abstinencia sexual. También esto sucede y, en este caso, es la mujer la que está faltando gravemente a la justicia y al amor conyugal, anteponiendo sus gustos y apetencias a los derechos del marido.

Esta dificultad objetiva de considerar conjuntamente las dimensiones del amor y de la justicia en el débito conyugal favorecen que se hable poco del tema entre los mismos esposos y que se formen prejuicios que se desvanecerían si se buscase realmente el bien de ambos. Y si los esposos sienten dificultad de considerar de este modo el débito conyugal, podemos figurarnos lo que sienten quienes se acercan a esta cuestión desde el derecho y la moral conyugal.

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11 de octubre de 2009

¡Qué se cuece en la Escuela Pública!

Acabo de recibir un correo con esta infor- ma- ción, que me parece de sumo interés para los padres de familia. Es evidente que todo el mundo está de acuerdo en que hay que erradicar la discriminación, de cualquier tipo que sea, así como las actitudes intolerantes e irrespetuosas. También en que la escuela es un ámbito privilegiado, puesto que en ella se realiza una buena parte de la educación de la persona. Sin embargo, ¿a quién se quiere engañar? ¿Qué hace la Confederación Española de Asociaciones de padres y madres de alumnos estableciendo convenios con la Federación estatal de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales? ¿Pretenden hacernos creer que el objetivo de este convenio se limite a la educación en la tolerancia?


Supongo que no lo pretenden. Basta leer el texto para comprender que lo que se pretende realmente es la demolición de los valores culturales existentes, esto es, los valores familiares, al mismo tiempo que se inculcan desde la misma infancia los nuevos valores de la cultura de género. De esta manera, quienes se opongan serán señalados con el dedo como intolerantes y discriminadores.

CONVENIO DE COLABORACIÓN ENTRE LA FEDERACIÓN ESTATAL DE LESBIANAS, GAYS, TRANSEXUALES Y BISEXUALES Y LA CONFEDERACIÓN ESPAÑOLA DE ASOCIACIONES DE PADRES Y MADRES DE ALUMNOS (CEAPA)

En Madrid, a 8 de octubre de 2009

REUNIDOS
De una parte Antonio Poveda Martínez, presidente de la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales, en lo sucesivo FELGTB, con domicilio en C/ Infantas 40 – 1º dcha. de Madrid, código postal 28004 y NIF G80319270, en nombre y representación de ésta y de acuerdo con las atribuciones que tiene conferidas por razón de su cargo.
Y de otra parte Pedro Rascón Macías, presidente de la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de alumnos (CEAPA), en lo sucesivo CEAPA, con domicilio en la Puerta del Sol, 4-6ºA de Madrid, código postal 28013 y NIF G28848505, en nombre y representación de ésta, e igualmente en virtud de las atribuciones que tiene conferidas según su cargo.

EXPONEN
Que ambas organizaciones trabajan a nivel estatal por la promoción de la educación en valores tales como la paz, el respeto a la diversidad, la convivencia y la salud, entre otros.
Que tras las reformas legales que han equiparado los derechos civiles para todos los ciudadanos, independientemente de su orientación sexual e identidad de género, consideramos que ahora es el momento de la Educación. Queremos erradicar los comportamientos discriminatorios y sexistas en la escuela, así como los prejuicios que impiden a todos los miembros de la comunidad educativa su desarrollo integral y su desenvolvimiento en la sociedad.
Que sabemos que muchos adolescentes no pueden construir su identidad, bien porque se reconocen a sí mismos como homosexuales, transexuales o bisexuales pero lo ocultan en público, bien porque no se atreven a reconocerse a sí mismos como tales. Los problemas para configurar una identidad propia provocan, entre otros perjuicios, que la tasa de suicidios entre estos adolescentes sea entre tres y cinco veces superior a la media, algo que consideramos inaceptable y que hay que atajar con urgencia.

Que los centros educativos deben educar a los menores, y a los demás miembros de la comunidad educativa, en el respeto a la diversidad y en la convivencia con las diferencias, para que no se produzcan situaciones de discriminación, con diversos recursos sobre orientación sexual, para que los adolescentes tengan acceso a información sobre su condición, que les permita formar sus identidades y desarrollar su autoestima.
Que hay que impulsar la educación afectivo-sexual en los centros educativos, ya que en la actualidad apenas se imparte.
Que queremos que los padres y las madres gays, lesbianas, transexuales y bisexuales se asocien a las asociaciones de madres y padres de alumnos, para que la homosexualidad, la bisexualidad y la transexualidad no sean invisibles en el ámbito educativo.
Que el deseo de ambas organizaciones es suscribir un Convenio-Marco de Colaboración, que sirva para el fomento y desarrollo de las actividades que abajo se indican.
Y, en virtud de todo ello.

ACUERDAN

Primero.- El presente Convenio-Marco tiene el objeto de establecer el entorno de referencia para la acción coordinada de las partes, tanto sobre el intercambio de información como sobre el desarrollo de aquellas actuaciones encaminadas a potenciar las actividades sobre los temas educativos que ambas trabajan.

Segundo.- Una vez al año, como mínimo, se celebrará un encuentro de debate y formación conjunto entre el FELGTB y CEAPA.

Tercero.- La FELGTB difundirá entre sus asociaciones y federaciones miembros las actividades de CEAPA.

Cuarto.- De igual modo, CEAPA difundirá entre sus federaciones y confederaciones miembros las actividades de la FELGTB.

Quinto.- CEAPA y la FELGTB promocionarán entre sus asociaciones, federaciones y confederaciones miembros, el trabajo conjunto entre ellas.

Sexto.- La FELGTB y CEAPA incorporarán a sus medios de comunicación (página Web, boletines, revistas, etc.) noticias o cualquier otra cuestión que ambas estimen oportuno, para la difusión de las mismas.

Séptimo.- Ambas confederaciones se comprometen a facilitar, en la medida de sus capacidades, la ayuda requerida por alguna de las partes en la realización de sus actividades y formación de sus miembros.

Y en prueba de conformidad con cuanto antecede, firman en el lugar y fecha al principio indicados.

Pedro Rascón Macías Antonio Poveda
Presidente Presidente
CEAPA FELGTB

10 de octubre de 2009

11 CONSEJOS PARA ENSEÑAR A PENSAR A LOS HIJOS

He encontrado estos consejos de Luis Olivera para enseñar a pensar a nuestros hijos, que me han parecido acertados, quería compartirlos con vosotros, a ver qué pensáis:


1.- Lo primero es actuar de acuerdo con la verdad de las cosas.Enseñar a los hijos a no engañarse, a ser sinceros, a actuar con coherencia. “Podemos conocer la química cerebral que explica el movimiento de un dedo, pero eso no explica por qué ese movimiento se usa para tocar el piano o apretar un gatillo” (Marcus Jacobson). Y “no podemos abaratar la verdad” (F. Suárez), devaluando su valor, como si fuera época de rebajas.


2.- Un segundo es que “el entrenamiento es una exclusiva de la inteligencia humana” (Marina). Hay que enriquecer el lenguaje, hay que fomentar el diálogo, el ejercicio mental de razonar, de defender una causa, de tener argumentos para las propias decisiones, y no hacer sólo lo que hacen los demás, como los borregos. Aprender a pensar es descubrir todo el inmenso poder que tiene la moda en el mundo y saber salir de la jaula mental en que puede encerrarnos. El pensador libre, es decir, el pensador, no debe sacrificar su libertad de pensar en el altar de la moda. Sacrificar la verdad en el altar de la moda es una de las perversiones más nocivas del pensador.. Sin embargo, con excesiva frecuencia se encarcela a la razón en la jaula de la moda. Entrenamiento y cultivo, dado que “la tierra que no es labrada, llevará abrojos y espinas, aunque sea fértil. Así sucede con el entendimiento del hombre” (Sta. Teresa de Jesús).


3.- Ya que es imposible no equivocarse nunca, al menos, por utilidad y por deber, hemos de aprender de nuestras equivocaciones. Si queremos aprender a pensar, deberemos descubrir el mundo tan humano del error. "Equivocarse es humano", descubrieron los antiguos. El error es el precio que tiene que pagar el animal racional.


4.- Deliberar es la segunda etapa de la voluntad. Seremos más inteligentes y más libres cuando conozcamos mejor la realidad, sepamos evaluarla mejor y seamos capaces de abrir más caminos. Sería un error pensar, observa Leonardo Polo, que el hombre inventó la flecha porque tenía necesidad de comer pájaros. También el gato tiene esa necesidad y, no ideó nada. El hombre inventó la flecha porque su inteligencia descubre la oportunidad que le ofrece la rama.


5.- Mantener abierta nuestra capacidad de dirigir nuestra conducta por valores pensados. Hay que pasar del régimen del impulso irracional al régimen de la inteligencia. Más que enseñar a pensar, la función de los padres ha de consistir en motivar a los hijos para que quieran pensar, por cuenta propia. Con actitudes positivas, los niños se comen el mundo; con actitudes negativas, el pensar aparece como algo cansino; el actuar, como mediocre.


6.- Enseñar a tomar decisiones. La inteligencia es la capacidad de resolver problemas vitales. No es muy inteligente quien no sea capaz de decidir, aunque dentro de su refugio resuelva con soltura problemas de trigonometría. Si convenimos que educar es, esencialmente, crecer en libertad y en responsabilidad, aprender a decidir bien resulta uno de los aspectos claves de esa tarea: cuanta más capacidad de decisión, más libertad.


7.- “Debemos recuperar de los niños, y fomentarla, la sana estrategia de preguntar continuamente. Las tres preguntas fundamentales son: ¿Qué es? ¿Por qué es así? y Ud., ¿cómo lo sabe? Aristóteles definía la ciencia como “el conocimiento cierto por las causas”. Pues habrá que habituarse a formular porqués. Los padres deben estimular, motivar, comentar y promover el clima adecuado para favorecer los hábitos intelectuales de sus hijos.


8.- La inteligencia que planteamos tiene que saber aprender y, sobre todo, tiene que disfrutar aprendiendo.Formular preguntas que ayuden a ser más reflexivos, a interrogarse sobre el pensamiento: ¿Por qué piensa el hombre? ¿Has pensado por qué recuerda cosas? ¿Pensamos mientras dormimos? ¿Qué es lo que más te hace pensar? ¿Puedes pensar en dos cosas distintas a la vez? Leonardo Polo define al hombre como un ser que, no sólo soluciona problemas, sino que además se los plantea. En efecto, el ser humano progresa planteándose nuevos problemas y buscando solucionarlos.


9.- La inteligencia debe de ser eficazmente lingüística.Ya que, gracias al lenguaje, no sólo nos comunicamos con los demás, sino con nosotros mismos. La inteligencia no se parece a una colección de fotografías, sino a un río. Río e inteligencia “discurren”. Nuestra lengua natural, la materna, es un río donde confluyen miles de afluentes. "La pluma y la palabra son las armas del pensador" (JA Jauregui): aprender a pensar es aprender a tocar dos instrumentos del pensamiento: la pluma y la palabra.


10.- Fomentar la lectura y controlar el uso de la TV. Ya que hablamos del vuelo de la inteligencia, se trata de “ser más inteligentes que la TV” (Jiménez). Los libros “tienen que ser obras que alimenten la inteligencia sin dejar seco el corazón. O sea, que deben iluminar la mente con la verdad y no sumirla en las nieblas de la duda o en la oscuridad del error” (F. Suárez).


11.- Urge encontrar tiempo para reflexionar, para pensar, que es menos trabajoso y más barato que otras necesidades que nos creamos. Sobre el sentido último de la vida, de las cosas, del hombre, de Dios. Cuando Unamuno dijo que solía ir a pasear con pastores de ovejas para aprender a pensar, para deshacerse de prejuicios y dogmas de escuela, todos se rasgaron las vestiduras. Sin embargo, Unamuno era sincero. Un pastor de ovejas tiene tiempo para pensar, para dar rienda suelta a su imaginación y descubrir nuevos horizontes filosóficos que no ha visto nunca ningún otro filósofo. Fernando Corominas dice que hay que “sentar” en la mente y en el corazón de los hijos las cosas buenas, antes de que les lleguen las nocivas. Es llegar antes, es educar en futuro. Siempre que nos abandonamos, retornamos a la selva. La selva de la que hablo metafóricamente es siempre una claudicación de la inteligencia.


***************

Bueno, me parece que podremos sacar algunas ideas prácticas para nuestros casos concretos (yo tengo tres casos concretos...!!) Y también podemos ir añadiendo números a la lista, ¿alguien se anima?

Buen fin de semana y feliz día de la Virgen del Pilar.

cristinamorenoalconchel






9 de octubre de 2009

¡Va de vídeos!

Un amigo mío, padre de familia numerosa, me ha enviado estos dos vídeos... sabiendo que los iba yo a valorar. Así ha sido. Aquí los tenéis. Dan que pensar. El tercer vídeo lo ha hecho un gran bloguero pro vida. Se la ha ocurrido la brillante idea de confeccionar una presentación de todos aquellos blogs que defienden la vida desde la concepción hasta su término natural. Ha tenido la deferencia de enlazar también familia en construcción.



8 de octubre de 2009

La Iglesia forastera y peregrina

Leyendo textos de Antiguos Padres de la Iglesia, me han sorprendido los encabezados de las cartas pastorales en las que los autores se dirigían a "la Iglesia que peregrina en Éfeso" o "a la Iglesia que vive como forastera en Filipos". Esas formulaciones me parecen estupendas y dignas de ser recordadas, especialmente por dos motivos.


En primer lugar, porque mantiene unidas dos realidades que jamás se deben separar, la catolicidad de la Iglesia Universal y sus peculiares raíces locales. El sujeto no es la diócesis o la comunidad local, sino la Iglesia universal que peregrina o vive como forastera en un determinado ámbito geográfico. El católico es un ciudadano del mundo que tiene su domicilio en un lugar concreto. Esa visión católica es incompatible con los nacionalismos y más aún con aquellos de cariz clerical: la iglesia catalana o la española o la francesa.

Aun siendo aparentemente sedentaria, la Iglesia es nómada. Sus fines no coinciden con los de este mundo. Tiene la mirada fija en la eternidad y suspira por alcanzar la Jerusalén celeste. El católico secunda los consejos del Apósotol: saboread las cosas de arriba, no las de la tierra.

Quizá podría pensarse que este desapego constituya una invitación a abandonar las cosas de este mundo. De hecho, así ha ocurrido históricamente y los cristianos de otras épocas, no muy lejanas a la nuestra, se desentendieron de la santificación de la vida ordinaria y de los distintos ámbitos en los que esta se desarrolla: la política, la economía, la empresa, el trabajo, la familia, etc. Pero se trató de un error que el Concilio Vaticano ha subsanado en su raíz. La Iglesia es el nuevo Pueblo de Dios que camina hacia la patria celestial, de manera análoga al éxodo y peregrinar del pueblo de Israel por el desierto rumbo a la tierra prometida. La peregrinación es de naturaleza espiritual: la Iglesia y con ella cada una de sus comunidades y de sus miembros vive como peregrina o forastera en un lugar, en el sentido de que tiene puesta su Esperanza en el Cielo.

Esta Esperanza no supone desatención ni abandono de las realidades temporales, sino más bien todo lo contrario. El cristiano vive junto a los demás ciudadanos, ejerciendo sus derechos y cumpliendo sus deberes, porque su condición de creyente en nada altera su relación con el mundo. La fe proyecta una nueva luz sobre su existencia, que le permite descubrir una nueva dimensión de las realidades cotidianas: la vida pública, el trabajo profesional, las relaciones familiares y la vida del hogar son santificadoras y santificables.

Leí en una ocasión que los dos últimos concilios ecuménicos celebrados en el Vaticano difieren profundamente en cuanto a la comprensión de la misión de la Iglesia. Esta divergencia se pone cabalmente de manifiesto poniendo las imágenes de la Iglesia en que se inspiraban:

  1. En el concilio Vaticano I, la imagen más común de la Iglesia era la de una ciudad amurallada en la cima de una colina. En pleno proceso de secularización del mundo, los padres conciliares sentían en peligro el mundo cristiano y, en concreto, se consideraban asediados por las ideologías y las herejías modernistas. El espíritu del Concilio era el de defensa de la fe y condena de los ataques a la misma.
  2. En cambio, en el Concilio Vaticano II se dio un cambio radical de perspectiva. La Iglesia no es una ciudad amurallada y asediada, sino el Pueblo de Dios que peregrina en la historia. Este pueblo de Dios está abierto al diálogo con todas las culturas y con todas las razas, puesto que ésta es su vocación fundamental: ser como un sacramento universal de la salvación. En lugar de ver enemigos detrás de cada esquina, la Iglesia del Concilio Vaticano II se descubre más misionera que nunca. En vez de comprender el mundo como un enemigo de las almas y ocasión permanente de pecado, el Concilio Vaticano II lo contempla ahora como una realidad buena y santificable, lugar de la santificación ordinaria de la mayoría de los fieles.
Justo ahora, mientras escribía, he advertido la casualidad de que hoy se cumplen 42 años de la celebración eucarística que tuvo lugar en el campus de la Universidad de Navarra, en la que san Josemaría pronunció una de sus más hermosas homilías: Amar al mundo apasionadamente. Recojo estos párrafos, escogidos:

"Dios os llama a servirle en y desde las tareas civiles, materiales, seculares de la vida humana: en un laboratorio, en el quirófano de un hospital, en el cuartel, en la cátedra universitaria, en la fábrica, en el taller, en el campo, en el hogar de familia y en todo el inmenso panorama del trabajo, Dios nos espera cada día. Sabedlo bien: hay un algo santo, divino, escondido en las situaciones más comunes, que toca a cada uno de vosotros descubrir. (...) No hay otro camino, hijos míos: o sabemos encontrar en unestra vida ordinaria al Señor, o no lo encontraremos nunca. Por eso puedo deciros que necesita nuestra época devolver - a la materia y a las situaciones que parecen más vulgares- su noble y original sentido, ponerlas al servicio del Reino de Dios, espiritualizarlas, haciendo de ellas medio y ocasión de nuestro encuentro continuo con Jesucristo" (1).

Me da una cierta alegría saber que yo estuve allí, cuando sólo contaba con ocho años de edad, escuchando estas enseñanzas de un santo del que años después pasaría a ser hijo suyo al recibir la vocación al Opus Dei. Esa fue la única ocasión en la que le pude ver a simple vista, aunque no me quede ningún recuerdo. Me consta que estuve allí porque me lo han dicho.

(Desde luego, cuando me he puesto a escribir sobre la Iglesia forastera y peregrina, no tenía idea de acabar con este testimonio personal).

__________
(1) Josemaría Escrivá de Balaguer, Amar al mundo apasionadamente, en Conversaciones con monseñor Escrivá de Balaguer, Rialp, Madrid 1989, pp. 236-37.

6 de octubre de 2009

Non serviam. Siervos del poder (2)

Al escribir sobre los siervos del poder los razonamientos me fueron llevando por sendas tortuosas. Me precipité en cierto sentido al considerar el poder como una realidad negativa. Conviene advertir que no lo es: se trata de una realidad buena, en la medida que se ejerza legítimamente.

Pero la expresión siervos del poder señala irremisiblemente hacia el lado oscuro de esa realidad. ¿Acaso no es el Príncipe de este mundo el primero de los siervos del poder? Él -entendiendo por él toda esa ralea de seres diabólicos, en su conjunto, pero especialmente su representante Lucifer- abandonó su condición angelical, de comunión y amistad con Dios, por secundar sus deseos de poder autónomo. No se nos ha revelado la causa precisa que originó la rebelión diabólica producida quizá incluso antes de la creación del Universo, pero la Escritura la sitúa por lo menos en la "envidia del diablo".

En el momento en que se negó a servir, es decir, a secundar el plan o proyecto que Dios extendió sobre la mesa ante sus ojos (y todo es un modo de decir), dejándose llevar por la soberbia y el engreimiento, Lucifer se convirtió en un siervo del poder. ¡Qué duda cabe que era poderoso! ¡Quizá la criatura más excelsa que Dios había creado hasta el momento! Sin embargo, servir es la actividad celestial por antonomasia... y consiste en amar, deseando unir la propia voluntad a la del amado, arrodillándote y poniéndote a su altura, si éste es más pequeño que tú. Pero el diablo tiene desde aquel día las rodillas anquilosadas (el diablo no tiene rodillas) porque decidió no servir a nadie... ¿Cómo se va a arrodillar él, ¡todo un señor!, para servir y quedar reducido a la categoría de uno de esos ángeles de la guarda, enviados, currantes, siervos?

Esa soberbia le desgajó de la comunión de Dios y apareció así la primera cosa no querida por Dios de ningún modo: el infierno o estado de exclusión voluntaria del Amor. También apareció por primera vez el fenómeno del poder desconectado del servicio, la embriagadora sensación de soberanía, la vibrante y pletórica exaltación del yo que se autoafirma en su negación: Non serviam! (No serviré!). Así surgió el primer siervo del poder, es decir, el primero que desvirtuó la misión y la naturaleza de la potestad recibida por la criatura personal: en vez de emplear la libertad y con ella todas las capacidades recibidas para entregarse y servir en el amor, correspondiendo al amor recibido, el demonio prefirió dedicarla a la autoafirmación de sí mismo.

Recuerdo cómo en un viaje en tren camino a Cosenza, un soldado que volvía a casa de permiso intentó ligar con una joven a la que avistó en el mismo vagón. Fui testigo de sus maniobras de acercamiento, así como del diálogo que sucedió:

- ¿Donde vives?

- En Nápoles - respondió la chica.

- ¿En que trabajas? ¿Eres casalinga (ama de casa)?

Al oír esta palabra, la chica se enfadó mucho y después de lanzar una palabra malsonante, le espetó:

- ¿Tengo yo pinta de casalinga? ¡No, yo trabajo de secretaria! ¡Por quién me tomas!

La verdad es que me quedé de piedra. Casi seguro que hubiera reaccionado con menos virulencia si le hubiera formulado las preguntas que en el conocido chiste dirige un anciano mañico a dos chicas minifalderas: - ¿Preguntar es ofender? - No, señor, pregunte usted lo que quiera - respondieron las jóvenes. - Ustedes son puticas, ¿verdad?

En castellano, las amas de casa son AMAS, señoras que reinan en sus hogares haciendo honor de su nombre: amando y sirviendo. Pero en la mente de esa muchacha, el servicio -cualquiera que sea- mientras no esté remunerado de acuerdo con las leyes -¡y entonces ya es un EMPLEO!- es una maldición. ¡Cualquier cosa, menos servir!

Curiosa paradoja. Porque los sueños de autonomía son siempre efímeros, los nuncaserviremos se convierten en servidores del poder: desde que el mundo es mundo, es decir, desde el momento en que Adán y Eva comieron del fruto prohibido, su Príncipe es -como se suele decir- el amo de la barraca. Hasta que Cristo nos liberó del poder del demonio, todos estábamos sometidos a su imperio y todos éramos esclavos y siervos del poder. Triste trueque de servidumbres.

En la Antigüedad algunos autores exageraron la relación de dominio del demonio sobre los pecadores. El tendría derechos sobre ellos y la sujeción sería por lo tanto legítima. Los hombres serían, por tanto, como potenciales habitantes del infierno de Lucifer. Todos estarían bajo su dominio de manera parecida a cómo un tirano esclaviza a los habitantes de un país convirtiéndolos en sus súbditos. En virtud de esta idea, se llegaron a formular doctrinas un tanto extrañas acerca de la redención de Cristo:

  1. Que Cristo fue nuestro Redentor, porque con su muerte en la Cruz le pagó al demonio el precio de nuestro rescate. De esta manera, nosotros fuimos liberados por Cristo nuestro Redentor.
  2. Que el demonio estuvo ejerciendo sus derechos legítimos sobre los pecadores durante siglos, hasta que se excedió llevando a Cristo a la Cruz. Siendo así que éste era inocente, con su abuso de poder dejó de tener dominio sobre nosotros. Cristo venció al demonio con la paciencia y la humildad y con esas armas nos liberó de satanás.
Conviene señalar que en ningún momento de la Historia el demonio ha tenido señorío sobre nosotros, en el sentido de gobernarnos a los hombres de manera semejante a como lo hacen los reyes de las naciones. Hemos dicho que el demonio se convirtió en el amo de la barraca y la imagen no nos desagrada, porque después de la caída de nuestros primeros padres el mundo sufrió un descalabro importante. Las heridas recibidas nos dejaron casi irreconocibles. El demonio es un bravucón: tiene sus movimientos limitados y no puede hacer lo que quiera con nosotros. Dios no se lo permite: ni ahora ni antes.

El poder del demonio sobre los pecadores es indirecto, es decir, pasa por el pecado mismo. El pecado nos hace más vulnerables a sus insidias y sugestiones y va imprimiendo en nosotros una cierta semejanza diabólica, al experimentar placer en la rebeldía y oposición a Dios. Esto es precisamente lo que, según me parece, quiso simbolizar Tolkien con el Anillo: el Señor oscuro ejerce su poder a través de él. Todos lo ambicionan y en esa medida se someten también al dominio de Saurón.

Desconozco qué tipo de poder ejerce el demonio sobre quienes le abren las puertas de sus corazones, quienes hacen pactos de vasallaje, realizan ritos y sacrificios satánicos. Al buscar una imagen para esta entrada he comprobado una vez más cuanta profusión de cultura negra hay en nuestros días. Es evidente que el poder del demonio aumenta en la medida en que aumentan sus corifeos. Me parece a mí que si nadie le hiciese caso, su poder desaparecería realmente. Pero ahí está, somos nosotros los que abrimos las puertas del infierno y atraemos a nuestras casas el azufre. No nos debe de extrañar el mal olor ni que existan posesiones diabólicas. Quien juega con el fuego acaba quemándose.

Jesucristo nos ha librado del dominio del pecado y del demonio. En cuanto recibimos perdón de nuestros pecados, después de habernos arrepentido -lo cual supone reconocimiento del mal y de la ofensa, así como detestación del mismo- y de recibir la absolución sacramental el pecado desaparece. El demonio puede ladrar, pero estamos ya lejos de sus dominios y no tenemos miedo de recibir sus dentelladas.

Pero esta proliferación de siervos del poder en todos los ámbitos, así como, en especial, el uso de la mentira como moneda habitual de cambio, el desprecio de los derechos más sagrados, el crimen convertido en progreso, el desenfrenado deseo de vivir sin ataduras ni responsabilidad, amplifican el grito desobediente de Lucifer: ¡Non serviam".

¡Pobres esclavos!



4 de octubre de 2009

La cábala y el amor


Este verano, leyendo un libro titulado "¿Sabes leer la Biblia?", de Francisco Varo (1), me topé con un estudio cabalístico de las palabras del Génesis en donde se describe la creación del hombre y de la mujer. Está contado en forma de diálogo entre unos jóvenes:

- "Por ejemplo, ¿sabes cómo se dice 'varón' en hebreo?
- Pues no, no sé hebreo ― respondió Daniel.
- Es una palabra de tres letras: ' y s (se lee 'is). ¿Y mujer?
- Hum...
- Pues ' s h (se lee isah), el femenino de ' y s.
- Esto es más complicado – comentó María
- No, es muy sencillo. ¿Vosotros sabéis qué es el matrimonio?
- Hombre, ¡qué pregunta!
- Pues la unión de un ' y s ('is) con una ' s h (isáh). ¿Y sabéis qué es lo que mantiene unido al hombre y a la mujer en el matrimonio? Pues una letra de cada uno: la y de ' y s y la h de ' s h, que juntas forman la palabra y h (se lee yah, y es la abreviatura más corriente de yahweh), es decir, el Señor. Esto es, Dios es quien mantiene unido al matrimonio.
- Pero … ¿eso...?
- Pues todavía hay más. ¿Qué pasa si se quita a Dios de en medio de un matrimonio? Pues que si se le quitan esas letras al hombre y a la mujer, ambos quedan convertidos en lo mismo. Si al ' y s le quitamos la y de yahweh, se queda en ' s (se lee 'es, que significa 'fuego'). Y si a la ' s h le quitamos la letra prestada del nombre de Dios, la h, también se queda convertida en ' s, 'fuego'. Es decir, cuando el hombre y la mujer quitan al Señor de en medio, el matrimonio se convierte en un infierno”.

Nunca he creído en la cábala. Y ahora me sorprendo a mí mismo citando una cábala para avalar una teoría: que si Dios no está entre el hombre y la mujer, no hay unión matrimonial sino un fuego que les consume. Esta verdad, ciertamente, no necesita de la cábala para sostenerse. Es difícil llegar a ella desde la simple razón humana, pero está claramente enraizada en la fe cristiana y en la experiencia.

En efecto, lo que más me ha impresionado de esta cábala (a la que repito, no le otorgo ningún valor revelador, sino más bien confirmativo de algo ya asumido) es la fuerza de la imagen. Hay dos tipos de fuegos: el agapé y el eros. Uno es un fuego unitivo. La imagen se emplea para simbolizar la indisolubilidad: cuando dos trozos de cera se han fundido por el fuego, pasan a formar una nueva unidad. El otro, en cambio, es un fuego que consume y aniquila a los amantes. El primero, puede quedar simbolizado también con la zarza ardiente que Moisés encontró en el desierto; el segundo, con el fuego interminable de la gehenna.

“Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre”. Aunque sean el hombre y la mujer quienes dan el primer paso, al declarar su consentimiento matrimonial, el efecto producido es únicamente efecto del Amor de Dios que les convierte en una sola carne. Si ellos viven en la lógica de ese amor, que supone la entrega y el sacrificio constante, estarán como trascendidos por la gracia y su unión será fecunda. En cambio, si profanan ese amor mediante el egoísmo, buscando la satisfacción inmediata de las pasiones, Dios dejará de estar en ellos, y ese fuego les devorará.



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3 de octubre de 2009

LA COMIDA FAMILIAR DIARIA: UNA BUENA "TERAPIA"

(Dedicado a mi marido, Len Koerts, que me transmitió esta idea...)

La comida familiar, todos reunidos en torno a la misma mesa, al menos una vez al día, una de ellas, ya sea el desayuno, o la cena, principio y/o final de la jornada de cada miembro de la familia, esa comida familiar es terapia necesaria, solución de malentendidos, abono oportuno para el crecimiento de cada uno, es verse las caras, no sólo oírse por la casa -puertas que se cierran, cisternas en funcionamiento...- sino escucharse con tiempo…todo ello disfrutando y alimentándose, alimentando así la unión familiar.

En mi familia, durante la semana, lo mejor es el desayuno: cuesta, vivimos lejos, podríamos dormir media hora más (como se enteren mis hijos de esto, verás...!!) Otra razón para optar por el desayuno en detrimento de la cena a diario es que, por la mañana, recién levantados, todos estamos de mejor humor, descansados. Por todo ello, es necesario disponer de una media hora, sin contar -claro-con el tiempo necesario para poner la mesa y preparar el desayuno propiamente dicho, de manera que nadie tenga que levantarse o abandonar la habitación y estemos todos presentes en las historietas que cada uno cuenta. Porque muchas veces son sólo eso: historietas, y dicho sin animo de ofender!

Y naturalmente habrá que hacer también un buen esfuerzo para escuchar. O sea: quedarse calladito esperando a que el que habla termine, porque se trata de convivir. Y aprovechar para descubrir las preocupaciones de ese hermano mío, por ejemplo, al que tanto quiero, pero con el que nunca hablo... O esa madre que se ve superada por el trabajo de cada día, sin que haya un hombro sobre el que "llorar", o tu padre, que quizá estaría interesado en el libro que estás leyendo...En fin, tantas posibilidades de CONTRUIR FAMILIA...!
Bendecid la mesa por turnos, los niños lo aprenden en el colegio y les gustará hacerlo, y si no les gusta, por vergüenza o timidez, qué mejor ambiente para ir practicando, porque no hemos de tener vergüenza de vivir nuestra fe con sus tradiciones en público. Nosotros hemos estado dos años fuera y lejos de colegios cristianos. Por esa razón, tras la bendición, durante dos años hemos añadido el "Bendita sea tu pureza..." a modo de ofrecimiento del día. Por cierto, le hemos añadido al final la frase "...no me dejes Madre mía, morir sin tu santa bendición", que se reza en México. Es bueno ir ampliando las tradiciones familiares y conservar lo nuestro enriquecido -si procede- por lo de los demás. Pero esta es otra historia...

Comprométete a mantener una de estas comidas familiares, al menos una vez al día. El esfuerzo que pueda suponer reunirse se verá recompensado enormemente con la profunda unión y necesidad unos de otros que se va extendiendo en el entramado familiar, algo que -cuando falte- echaremos de menos y buscaremos hasta reencontrarlo.

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2 de octubre de 2009

Los siervos del poder (I)


Un amigo mío italiano, canonista, me comentó en una ocasión que en todas las estructuras humanas crecen, como por generación espontánea, unas personas que él calificaba como siervos del poder. Luego se corrigió: "bueno, quizá en todas no, pero lo que quiero decir es que la Iglesia tampoco se libra de esta plaga".

Desde que oí esa expresión, quizá se ha creado en mí un ligero prejuicio y ahora tiendo a ver siervos del poder por todos lados. Sabiéndolo, puedo corregir el tiro. Además, desde hace unos días que me dio por leer sobre profetas y falsos profetas, advertí las similitudes entre éstos y aquéllos: hablando de la monarquía judía se señala la instauración "de un profetismo de palacio, en condición de servilismo delante del monarca; ahora el rey tiene 'sus' profetas, los agentes más eficaces de la política real, a cambio de subsistencia cotidiana" (1).

Como estoy superando un proceso gripal, en ciertos momentos durante las horas nocturnas y bajo el efecto de la fiebre las ideas tienen una fuerza irresistible, casi de pesadilla. Siervos del poder y pseudoprofetas danzaban por mi imaginación y no veía el modo de arrojarlos de ella. Viendo que no podía con el enemigo, me uní a él y comencé a acariciar esas dos palabras, dándoles la vuelta una y otra vez, como si se tratara del cubo de rubik. Así fueron saliendo diversas características, extraídas todas ellas de las mismas palabras, tal como hacen los estudiantes holgazanes para que sus suspensos no sean catastróficos: chupan toda la linfa de la misma formulación de la pregunta de examen y así no la dejan en blanco.

"Siervos del poder". Una primera acepción es evidente. Son personas que sirven en los lugares de los poderosos, a cambio de sustento (y de poder, todo hay que decirlo). Son serviles y están atentos a secundar no sólo las líneas o tendencias de gobierno, sino a detectar hasta el más mínimo deseo del soberano. Cuando se les pide consejo, difícilmente dirán la verdad, es decir, lo que piensan realmente, sino que lisonjearán los oídos de su amo con aquello que éste quiere oír. Los siervos del poder, en efecto, saben muy bien lo que tienen que hacer para que él mantenga el cetro y la corona. Se dice que el poder corrompe y si el monarca (el jefe) no se preocupa positiva y eficazmente en preservar su integridad, sus siervos le empujarán por un plano inclinado hacia la mezquindad. Los siervos, entonces, tenderán a dominar a su amor: ya no sirven a la persona ni sienten por ella ningún deber de fidelidad, sino que idolatran y ambicionan lo mismo que su superior: están ebrios de sensaciones de superioridad y dominio.

Así, curiosamente, la primera acepción nos ha conducido a la segunda. La gente de esta ralea, en realidad, sólo sirve al poder como fuerza abstracta e impersonal. En apariencia sumisos y obedientes a sus amos, tenderán a establecer una relación de dependencia, en la que ellos ocupan la posición activa y dominante. El poder es lo que les aúna, en una simbiosis egoísta en la que cada uno necesita del otro para, juntos, seguir embriagados de él.

Entre los siervos del poder quizá ocupen un primer puesto los juristas de corte. Lejos de concebir su misión como un servicio a la justicia y a la sociedad, estos sujetos ponen a disposición del poder ejecutivo toda su técnica, con la intención de cohonestar sus decisiones de gobierno. "Dime lo que quieres", parecen decir, "que yo lo haré posible". No me gusta nunca entrar en política, pero cuántos ejemplos de esta acción servil de algunos juristas (ya sea personal o colegialmente, formando parte de tribunales o comisiones) se pueden apreciar en España en estos últimos tiempos. Una vez declarado abolido el Derecho natural, TODO es posible, basta que lo quiera quien ostenta el poder.

Esta última reflexión nos muestra el lado más oscuro del fenómeno: esto es quizá lo que quiso simbolizar Tolkien en el anillo del poder. Ejerce una atracción irresistible para los hombres. Sólo un hobbit como Frodo puede ser el portador del anillo resistiendo a duras penas su pernicioso influjo. ¿Qué es el poder sino un deseo desordenado de imponer nuestro yo a los demás, de dominar el escenario? Cuando ese deseo se traduce en una realidad y realmente se está en condiciones de establecer el propio criterio por encima de cualquier otra instancia, entonces el poder parece real. Quienes han ocupado algún puesto de responsabilidad en una estructura jerárquica habrán observado que el cargo es el que confiere el poder: los galones. El poder es una convención social. Recuerdo una vez, en mis tiempos de sargento, que un recluta se me acercó pidiéndome por favor si sería tan amable de echar la carta que llevaba en la mano.

- Pero, ¿quién te crees que soy yo? - le pregunté.

- El cartero - me respondió cándidamente.

Entonces le recogí la carta y le dije que fuera aprendiendo una lección muy importante para su supervivencia en aquel cuartel. Existen los galones. En aquella ocasión no me afectaron negativamente. Con la fuerza que me otorgaban hice cosas de las que luego me arrepentiría. Portarlos me confería un poder efectivo y real, que se reflejaba en los ojos y en la conducta de mis subordinados. Los galones, como el anillo del Señor oscuro, me hicieron probar en diversas ocasiones qué se siente cuándo uno se convierte en un siervo del poder, aunque sólo sea durante unos minutos.


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(1) L. ALONSO SCHÖKEL-J.L. SUCRE DIAZ, Profetas, Comentario I, Ediciones Cristiandad, Madrid 1987, p. 51.

1 de octubre de 2009

El Evangelio no es una ideología


Así reza con grandes titulares la portada de Alfa y Omega. El Evangelio no es un ideología. En seguida he ido a buscar en sus páginas dónde se desarrollaba esa idea. No he conseguido encontrarlo. Es un tema tan recurrente en este Papa, que el editor ha pensado en resumir con estas palabras su visita pastoral a Chequia.


¿Por qué el Evangelio no es un ideología? ¿Por qué este anciano intelectual y al parecer poco carismático sigue congregando multitudes a su alrededor, al igual que su predecesor? A esta segunda pregunta se podría responder perfectamente con la cuestión que nos ocupa: porque el Evangelio no es una ideología. Por eso, las multitudes siguen al Papa como antaño buscaron a Jesús de Nazaret. El mensaje de ambos es el mismo: el Evangelio.

Uno de los títulos que el Papa suele emplear es el de Siervo de los siervos de Dios. El Evangelio es precisamente eso, un servicio a las personas, a todas y a cada una sin excepciones. Las ideologías, en cambio, ensalzan al Hombre prometiendo una salvación intramundana en la que a través de la ciencia, de la raza, de la técnica, de la lucha de clases... o de lo que se quiera, la humanidad alcanzará un estado de perfección definitiva. Quizá no se note la diferencia. El Evangelio se pone al servicio de una realidad: la persona concreta, cualquiera. Jesucristo mismo gustó de emplear este título honorífico: el hijo del hombre, que también puede traducirse por un hijo de vecino, uno cualquiera. El Evangelio es el mensaje del amor a la persona, la dignidad absoluta, el principio rector de todo ordenamiento moral o jurídico. El Papa es así el siervo de los siervos. Lejos de manifestar así una cultura servil y mezquina, el Papa se pone del lado de todos los hombres, por encima de partidos y de clases sociales.

A Joseph Ratzinger le gustaba decir siempre que el Evangelio no es una idea porque nace "ex auditu", es decir, a través del oído el creyente acepta la Palabra que le salva. Y esa Palabra no es una idea, sino una Persona, una persona que ha venido a identificarse con todas y cada una de las personas de la Historia. Por algo más que humildad quiso pasar por la Tierra como el Hijo del hombre. El Evangelio nos invita a imitar al Maestro, amando a los demás como Él nos amó.

Las ideologías no proceden ex auditu. Las ideas se propagan con rapidez vertiginosa, pero no proceden de Dios, sino de las cavilaciones humanas en aras a la salvación del mundo desde dentro. Las ideologías prometen la salvación. No es de extrañar que Pablo VI hubiese escrito que el hombre contemporáneo "escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan, y si escucha a los que enseñan es porque dan testimonio". Las ideologías han sembrado la faz de la tierra de cadáveres. Hoy son necesarios, seguía diciendo, heraldos del Evangelio que testimonien con su vida lo que enseñan.

Cuando se oye decir que han sido los creyentes quienes han sembrado el mundo de odio y de intolerancia, hay que recordar las acertadas palabras que escribió Juan Pablo II en la encíclica Mane Nobiscum: "Si bien no han faltado en la historia errores, inclusive entre los creyentes, como reconocí con ocasión del jubileo, esto no se debe a las 'raíces cristianas', sino a la incoherencia de los cristianos con sus propias raíces. Quien aprende a decir 'gracias' como lo hizo Cristo en la cruz, podrá ser un mártir, pero nunca un torturador".

¿Quién se atreverá a rebatir esta afirmación si considera el número de muertes que las ideologías han producido precisamente en las filas de los creyentes?